
Los primeros pedales de un sueño

Marcos H. Valerio
Hay historias que no se escriben con tinta, sino con sudor, con risas de niños y con la fe silenciosa de quien planta una semilla sin saber que algún día dará frutos que alcancen el cielo. Esta es una de esas historias. La de Isaac del Toro, el fenómeno mexicano que hoy deslumbra al mundo del ciclismo, y de aquel primer maestro que lo montó a la bicicleta.
Todo comenzó en 2013 en Ensenada, Baja California. José Acevedo, mejor conocido como “Chon”, recibió una llamada que cambiaría su vida y, sin saberlo, la del deporte mexicano. Del otro lado estaba José del Toro, papá de un par de niños inquietos por probar suerte sobre dos ruedas. “Pásalos a recoger, ayúdame a desarrollarlos”, le pidió.
“Chon” no imaginaba que uno de esos pequeños, un chiquillo tranquilo de apenas 10 años llamado Isaac, llevaría su nombre hasta la esfera del ciclismo mundial.
“Era un niño muy normal”, recuerda “Chon” con esa voz cálida y orgullosa que solo tienen los verdaderos formadores. “No destacaba del resto. Muy tranquilito. Pero ya se sabe… cuídense de los tranquilitos”.
Durante dos años, Isaac formó parte de los Pupilos del “Chon”. Ahí, bajo el sol de Ensenada, dio sus primeros giros de verdad. Ahí subió por primera vez a un podio.
Las fotos de ese momento son puro oro: Isaac niño, cara inocente, flanqueado por otros pequeños vestidos de rojo, con la mirada todavía llena de sorpresa y de futuro. Esa imagen es el testimonio de una semilla que se sembró con paciencia y se regó con cariño.
“Chon” no era solo un entrenador. Era el hombre que, tras una carrera decente como ciclista —nunca llegó a la élite, pero eso nunca le importó—, decidió dedicar su vida a regalarle a otros niños lo que más amaba: la bicicleta. Hace diez años, en una de sus fiestas de cumpleaños rodeado de sus alumnos, soltó un deseo al viento: “Quiero tener un campeón del mundo”. Casi se le cumple. Y cómo se le cumple.
Hoy, cuando habla de Isaac, la voz de “Chon” se llena de emoción. Se nota el orgullo del maestro que ve a su pupilo volar más alto de lo que jamás soñó. Porque no se trata solo de talento. Se trata de padres presentes, de apoyo familiar, de madrugadas, de caídas y de volver a subir. Se trata de esa red invisible pero poderosa que sostiene a los grandes deportistas desde sus primeros metros.
Isaac del Toro ya no es el niño tímido del podio. Es un mexicano que hace vibrar al mundo entero. Y mientras se prepara para su próxima gran cita —la Vuelta a España en agosto, una de las tres grandes vueltas—, en Ensenada sigue pedaleando la semilla original: los pupilos del “Chon”, más de 450 alumnos que ha formado a lo largo de los años.
“Que no sea solo euforia”, advierte sabiamente Chon. “Que no exploten el ciclismo. Que lo apoyen de verdad. Que haya una estrategia, que las autoridades volteen a ver a estos niños”.
Gracias, maestro José Acevedo “Chon”. Gracias por creer en los tranquilitos. Gracias por ponerle rueditas al destino de un campeón.
