
Suben al ring y pelean por la paz

Marcos H. Valerio
El aire en Palacio Nacional olía a cuero viejo y a promesas nuevas. Bajo las luces tenues del Salón Tesorería, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo levantó los guantes simbólicos que le entregó Mauricio Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, y declaró inaugurado “Boxeando por la Paz”. Pero el verdadero golpe al corazón lo dieron ellos: Los boxeadores, aquellos que saben que cada round no se gana solo con puños, sino con el corazón.
Marilyn Badillo, la ingeniera industrial que subió al ring para desafiar límites que otros le impusieron desde niña, habló con la voz firme de quien ha caído y se ha levantado más veces de las que cuenta.
“Desde pequeña aprendí en casa el valor del trabajo duro. Mis padres me enseñaron que la disciplina y la dedicación son esenciales para alcanzar metas aparentemente imposibles”, recordó.
A los 10 años entendió que nada sería fácil, que el estigma de su origen la perseguiría, pero encontró en el boxeo no un deporte, sino un espejo: cada golpe, cada caída, una lección para fortalecerse. “La verdadera victoria radica en nunca rendirse”, dijo, y sus ojos brillaron con esa fe que solo nace en el cuadrilátero.

No fue la única. Jackie Nava, pionera que rompió techos de cristal en un deporte de hombres, recordó los inicios duros: “La parte más difícil es el comienzo, cuando solo cuentas con tu familia y amigos cercanos”.
Celebró la alianza gobierno-CMB como un cambio de época. “No existía antes esta oportunidad. Ahora los jóvenes pueden crecer en el deporte, continuar sus estudios y alejarse de la delincuencia”. Como madre y excampeona, insistió: el boxeo no discrimina edad ni género.
“Las mujeres, incluidas las madres, pueden empezar incluso a los 26 años, como yo. No pongan límites por la edad. Mejora la condición física, la disciplina y la salud mental”.
Por su parte, Mariana “La Barbie” Juárez, con su carisma intacto pese a los golpes acumulados, y Eunice Campos reforzaron el mensaje: el ring es exigente, mentalmente brutal, pero accesible. “Las mujeres son valientes y esforzadas. No se dejen influir por la percepción de que es solo para hombres”, coincidieron.

En tanto, David Picasso, con la gratitud de quien encontró en el boxeo “una esperanza, una salida y un sueño” para su familia, habló de los sacrificios invisibles: entrenamientos eternos, desveladas, dietas estrictas. “El talento existe en todos lados, pero no siempre las oportunidades”.
Isaac “Pitbull” Cruz, el guerrero de barrio que ha conquistado rings mundiales, fue directo: “Los jóvenes deberían reducir el uso del teléfono y aparatos electrónicos. El boxeo no es violencia; es disciplina, mentalidad positiva, alimentación sana”. Pidió a los niños aprovechar la chance de aprender de profesionales.
Asimismo, Alejandro “El Conejo” González lo resumió en una frase que resonó: “Es un momento histórico para dejar de lado las malas influencias y enfocarnos en lo positivo, en beneficio de la nación”.
Lourdes Juárez añadió emoción: “El boxeo requiere gran corazón y dedicación al 100 por ciento. Ha dado glorias a México por esa necesidad de superación, de luchar por un futuro mejor para las familias”.
En el fondo, mientras los flashes capturaban sonrisas, experiencias y puños al aire, el mensaje era claro: El boxeo salva vidas, impulsa a ser mejores personas y, ahora, con este programa, busca cambiar el rumbo de miles.
Marilyn Badillo lo dijo mejor que nadie: “El boxeo no solo salva vidas, impulsa a ser mejores personas y mejorar el país. Estoy emocionada y agradecida por mostrarle al mundo su impacto positivo”. concluyó.
