
Todo lo que toca Mûn se vuelve cuerpo

Marcos H. Valerio
No son cuadros bonitos de plantas y animalitos. Son interlocutores. Afirma Mûn, artista visual y filósofa con mención honorífica por la UNAM, quien presentó en la Galería Mtro. Agustín Rivera Ugalde de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro: Ferales: insumisas faunas, floras y mineralias, su primera exposición individual, que permanecerá hasta el 30 de octubre.
Es decir: todo lo que toca Mûn se vuelve cuerpo.
En su obra aparecen semillas que laten, anatomías que florecen, animales que miran de frente. “Muchas veces somos indolentes frente a otras criaturas y frente al medio que compartimos. Necesitamos dejar de pensar al ser humano como el centro del universo”, dice.
Mûn no llegó a la pintura desde la pintura. Llegó desde la filosofía. Y se nota. “La filosofía es central en mi práctica. Es una caja de herramientas que me ha permitido pensar el mundo y sentirlo de una manera profunda”, explica. Durante años investigó arte y cultura, hasta que entendió que había cosas que la razón no alcanzaba a decir.
Entonces pintó. “Ferales ha sido un laboratorio pictórico, sensible y filosófico”, confiesa. Un laboratorio donde traduce afectos, intuiciones y dolores a un lenguaje visual.
Porque para Mûn el cuerpo no es un tema, es el origen. “Es la interfaz a través de la cual podemos interactuar con todo lo que existe: con otros cuerpos, con el viento, con el agua, con la tierra bajo nuestros pies. Es el territorio donde la vida existe”.
Y la pintura es su espejo. “Funciona para mí como un reflejo de mi interior. Es un espejo que me permite visualizar materialmente mis pensamientos y emociones sintetizados en una imagen”.
El corazón de la muestra es lo feral. Esa palabra que es una herida y una liberación a la vez. “Una reflexión sobre aquello que, después de haber sido domesticado, recupera una condición autónoma y libre”.
En Mûn, lo feral es mujer. Es deseo, es fuerza, es ternura, es independencia. Es la posibilidad de ser más allá de los modelos impuestos. “El deseo es una fuerza vinculada con la permanencia, la creación y la búsqueda de conexión con los demás”.

La noche de la inauguración, Mûn se paró frente a su bosque y vio cómo la gente entraba en él. Fue, dice, muy conmovedor. “Fue muy conmovedor compartir de manera directa mi proceso sensible y encontrar resonancia en las muestras de cariño”.
Ya trabaja en lo que sigue: salir del cuadro, tomar el espacio, hacer de la museografía parte de la experiencia.
Por ahora, Querétaro tiene hasta el 30 de octubre para volverse feral. Para dejar de mirarse al centro y por fin mirar alrededor.
