
Camina 4 horas diarias, saca 10 en contaduría

Marcos H. Valerio
En las montañas de Oaxaca, donde el maíz se siembra con las manos y las tortillas se hacen en casa, nació una historia que parece sacada de un sueño imposible. Julia Valeria Santiago Ruiz, originaria de Santa Lucía Ocotlán, es hoy estudiante de excelencia en la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) unidad Oaxaca de la UNAM. Cursa el tercer semestre de la licenciatura en Contaduría con promedios de 10 y 9.7 en sus dos primeros semestres, y se niega a bajar el ritmo.
Su historia es de lucha diaria. Hija de campesinos que solo cursaron la primaria, Julia es la primera de su familia en alcanzar la educación superior. Orgullosa de su origen zapoteca, entiende la lengua de sus padres y se empeña en hablarla mejor, aunque la pronunciación todavía le resulta un reto. Sus hermanas de 15 y 17 años la miran como ejemplo; sus padres, como el mayor orgullo.
El sueño de estudiar siempre estuvo ahí, pero tomó forma en 2023, cuando se enteró de la creación de la ENES en Oaxaca. Esperó la convocatoria, se preparó durante dos meses —especialmente en Historia, su materia más débil— e inspirada por el prestigio de la UNAM y por figuras como Octavio Paz, presentó el examen presencial en el Hotel Misión de los Ángeles. Cuando vio su nombre en la lista de aceptados, la alegría fue inmensa: por fin podía estudiar sin abandonar su tierra.
Desde 2025, su jornada es una maratón de resistencia. Se levanta a las 7 de la mañana, desayuna, termina pendientes y a las 11 sale de casa. El trayecto dura dos horas. Llega a la una de la tarde, toma clases hasta las 19:00 y regresa a casa cerca de las 9 de la noche. Cena, revisa temas, hace tareas y estudia hasta la una de la madrugada. “Es complicado mantener un promedio de 10 porque mi comunidad está lejos, pero con organización y el apoyo de mi familia se puede”, afirma.
Una beca y el respaldo familiar le han permitido continuar. Una tía le regaló la computadora con la que hace sus trabajos. Aunque ya no puede ayudar tanto en la milpa como antes —sembrando, cosechando y desgranando el maíz que después se convierte en tortillas—, sigue ligada al campo. Ahora son sus padres quienes le repiten: “Échale ganas, vas bien”.
En la ENES, Julia ha descubierto una versión distinta de sí misma. En la primaria y secundaria no destacaba. Hoy, gracias a la constancia, brilla. Su lugar favorito es la biblioteca, donde se concentra y desarrolla pensamiento crítico a través de debates y ensayos. Quiere ejercer la contabilidad con la ética que le enseñan en la UNAM.
De su pueblo es la única que estudia en la ENES Oaxaca. Para ella, la llegada de la Universidad a su estado no fue solo una oportunidad académica: fue la posibilidad de no tener que elegir entre sus raíces y su futuro. “Yo les diría a los jóvenes que consideren primero a la UNAM. El plan de estudios es el mismo que en la Ciudad de México y los profesores están muy bien capacitados. Aprovechen esta oportunidad”.
Julia Valeria Santiago Ruiz no solo estudia Contaduría. Estudia para demostrar que el único límite está en la mente. Y mientras viaja cuatro horas diarias entre la milpa y las aulas, lleva consigo el maíz, la lengua zapoteca y el orgullo de una familia que, por primera vez, ve a una de los suyos conquistar la universidad más prestigiosa de México.
