Cenotes envenenados en Península

Cenotes envenenados en Península

 

 

Marcos H. Valerio 

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Los cenotes de la península de Yucatán —ecosistemas únicos en el mundo y reservorio de dos terceras partes del agua renovable del país— enfrentan una amenaza irreversible por la contaminación derivada de mega granjas porcícolas, advirtió Greenpeace México en su informe “La carne que está consumiendo al planeta”.

La organización reveló que de 257 granjas porcícolas identificadas en la región, solo 22 cuentan con Manifestación de Impacto Ambiental aprobada por la Semarnat; más del 90 por ciento operan de manera ilegal. Además, 43 se encuentran dentro de Áreas Naturales Protegidas y 122 en sitios prioritarios para la conservación de la biodiversidad.

El suelo kárstico de la península actúa como un “embudo gigante” sin capas impermeables: los desechos ricos en nitratos, amonio y bacterias fecales se filtran directamente al acuífero y llegan a los cenotes.

Una vez contaminados, la recuperación es casi imposible. Estudios independientes y de Profepa confirman concentraciones de nitratos que superan la NOM-127-SSA, junto con coliformes fecales y E. coli en pozos y cenotes cercanos a las granjas, especialmente en el Anillo de Cenotes.

Greenpeace destaca que el agua con altos niveles de nitratos puede generar sustancias cancerígenas en el estómago humano y está asociada al síndrome de los niños azules (metahemoglobinemia), una condición grave en infantes.

Las comunidades mayas sufren olores nauseabundos permanentes, enfermedades gastrointestinales y respiratorias, riesgos oncológicos y pérdidas en la apicultura tradicional por muerte masiva de abejas meliponas.

La instalación desordenada de estas granjas ha provocado la deforestación de cerca de 11 mil hectáreas de selva seca —el 45 por ciento de las actividades porcinas se ubican sobre este ecosistema—, acelerando la erosión, reduciendo la biodiversidad (incluyendo especies emblemáticas como el jaguar) y facilitando la infiltración de contaminantes.

A pesar de multas a 26 granjas por Profepa, suspensiones judiciales y rechazos recientes de nuevas Manifestaciones de Impacto Ambiental, la expansión continúa. Greenpeace urge la creación de zonas de exclusión para mega granjas, monitoreo ciudadano permanente y una transición hacia modelos agroecológicos que respeten la selva, el acuífero y los derechos indígenas.

Las comunidades organizadas en redes como To’one Ja’o’on (Somos Agua) enfrentan no solo contaminación invisible, sino también impactos directos en su salud, economía y cultura.

“Conservar la salud de estos ecosistemas es conservar la nuestra”, concluye el informe de Greenpeace, que califica la situación como una emergencia ambiental.

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