Clausuran en el Senado, peluquería VIP

Marcos H. Valerio
En el corazón del poder legislativo mexicano, donde se supone que se debate el destino del país, un video capturó algo más revelador que cualquier iniciativa de ley: A la senadora Juanita Guerra Mena (PVEM) recibiendo un tinte en pleno horario de sesión plenaria.
No en su casa, no en un fin de semana, sino dentro del edificio Hemiciclo, en un salón de belleza improvisado que operaba discretamente —sin letreros, sin número visible— desde hace aproximadamente un año.
La escena es casi caricaturesca: La legisladora con el cabello embadurnado de colorante, una tela protectora al cuello y, al ser cuestionada por reporteros, responde con genuina sorpresa: “¿Cuál servicio? ¿A poco usted no se hace un tinte?”.
Minutos después, ya más compuesta, justificó el espacio como un “apoyo” para senadoras y senadores, si se requiere, insistiendo en que cada quien paga su servicio, que es algo “normal” —existe también en la Cámara de Diputados—, que Jazmín realiza un “trabajo digno” y que, al fin y al cabo, “todas y todos tenemos que estar bien presentados” para las sesiones.
Por su parte, la presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo, salió al quite con similar defensa: No hay cargo al erario, las usuarias pagan directamente, es un servicio de apoyo para legisladoras que llegan temprano de vuelos lejanos.
“Antes muertas que sencillas”, podría resumirse su postura implícita. Pero horas después, sin comunicado oficial ni explicación detallada, el Resguardo Parlamentario colocó sellos de clausura en la puerta. Algunos reportes incluso mencionan que la estilista quedó temporalmente encerrada dentro mientras sellaban el local. Control de daños en tiempo récord.
La senadora Guerra Mena, con cero iniciativas aprobadas en su haber según críticos en redes. El tinte no es el problema real. El problema es el descaro de normalizarlo, de defenderlo como “necesidad” y de clausurarlo solo cuando la cámara lo expone. Es el síntoma de una clase política que confunde lo público con lo personal, el erario con el tocador y la representación popular con el salón de belleza VIP.
