
Componente élite contraterrorismo de la Unidad Naval de Protección Aeroportuaria (UNAPAP) durante la Copa Mundial 2026

La Unidad Naval de Protección Aeroportuaria mantuvo una capacidad especializada de prevención, contención e intervención ante posibles escenarios críticos; lo anterior robusteció las capacidades de la Fuerza de Tarea Copa Mundial de Fútbol 2026
Durante el dispositivo de seguridad implementado con motivo de la Copa Mundial de Futbol 2026, más de 960 elementos pertenecientes a la Unidad Naval de Protección Aeroportuaria (UNAPAP) fueron capacitados en diversas materias, con el propósito de fortalecer sus capacidades de prevención, reacción y atención ante escenarios de alta concentración y movilidad internacional, derivados del incremento extraordinario en la afluencia de pasajeros y visitantes extranjeros en las terminales aéreas.
Una de las capacitaciones más importantes fue la relativa a las acciones antiterroristas la cual consistió en que un grupo de más de 80 marinos de élite de la Unidad Naval de Protección
Aeroportuaria (UNAPAP), efectuaron entrenamiento para actuar ante posibles amenazas de contraterrorismo registradas en vehículos de transporte colectivo, particularmente autobuses. La intervención en este tipo de unidades representa un escenario de elevada complejidad debido a sus espacios reducidos, la concentración de pasajeros, la existencia de un solo pasillo de desplazamiento y la proximidad entre una posible amenaza, los rehenes y el personal encargado de recuperar el control.
Por ello, la actuación del equipo contraterrorismo de UNAPAP se estructuró mediante una secuencia técnica que comprendió el conocimiento previo de las aeronaves y vehículos, la identificación de los puntos de acceso, el desplazamiento controlado en su interior, el establecimiento de un cerco exterior y la evacuación ordenada de los ocupantes.
Conocimiento del vehículo
La primera fase consistió en el reconocimiento de las características físicas del autobús, con el propósito de identificar los puntos críticos que pudieran ser utilizados durante una eventual intervención. El personal ubicó las puertas delanteras y traseras, salidas de emergencia y ventanas susceptibles de ruptura, elementos que permitieron establecer las alternativas de ingreso y evacuación de acuerdo con la configuración de cada unidad. Asimismo, se efectuó el análisis de los materiales que conforman el vehículo, especialmente los vidrios templados y la carrocería delgada. Este conocimiento permitió distinguir entre una cobertura real, capaz de brindar protección, y un elemento que únicamente proporcionara ocultamiento visual.
Dicha diferenciación resultó fundamental para determinar las posiciones que podían ser empleadas de manera segura y evitar que el personal considerara como protección estructuras que, por sus materiales, pudieran ser penetradas.
Acceso y punto de ruptura
Una vez reconocida la configuración del autobús, se determinaron los puntos de acceso y ruptura que permitirían realizar una intervención coordinada. Los procedimientos consideraron la entrada simultánea por las puertas delanteras y traseras, con el objetivo de dividir la atención de los posibles agresores, reducir su capacidad de respuesta y evitar en todo momento el fuego cruzado entre los integrantes del equipo. Dependiendo de las condiciones del escenario, la penetración al vehículo podía realizarse mediante un asalto dinámico o a través de una aproximación sigilosa. La elección del procedimiento se encontraba vinculada con la ubicación de la amenaza, la presencia de rehenes y las condiciones existentes en el interior de la unidad.
La aproximación contempló también el aprovechamiento de los puntos ciegos del autobús, principalmente por sus costados, a fin de reducir la exposición del personal y acercarse al objetivo sin ser detectado de manera anticipada. De igual forma, el equipo mantuvo la capacidad de responder ante un descenso rápido de personas desde la unidad, conservando el control sobre las zonas de salida y evitando que una posible amenaza se mezclara con los pasajeros evacuados.
Combate y desplazamiento interior
El ingreso al autobús dio paso a una de las etapas de mayor exigencia técnica: el desplazamiento por un espacio estrecho, ocupado por filas de asientos y con movilidad limitada para el personal. El avance se realizó mediante una formación cerrada y controlada a lo largo del único pasillo disponible.
Cada integrante mantuvo la cobertura de ambos lados del vehículo, evitando adelantamientos que pudieran romper la formación, interferir con los campos de observación o incrementar el riesgo para los demás elementos. Este desplazamiento coordinado permitió mantener continuidad en el avance y mejorar los tiempos de reacción ante cualquier amenaza que pudiera surgir entre los asientos o desde los extremos del autobús. Otro de los elementos esenciales fue la discriminación selectiva. El personal debía diferenciar de manera inmediata entre una amenaza, un rehén y un integrante del propio equipo, aun cuando el vehículo se encontrará ocupado y existiera movimiento entre los pasajeros. La prioridad operativa se concentró en identificar y neutralizar a las personas que portaran armas, procurando mantener el control de la situación sin generar afectaciones entre los ocupantes. Debido a las dimensiones del vehículo, el personal aplicó técnicas específicas para espacios reducidos, orientadas al control y reducción de agresores sin contar con amplitud suficiente para efectuar maniobras convencionales.
Cerco y control exterior
La intervención interior se complementó con el establecimiento de un cerco de seguridad en el exterior del autobús. Una de las primeras acciones consistió en inmovilizar la unidad mediante el empleo de barreras, neumáticos o vehículos pesados, con el objetivo de impedir su desplazamiento y evitar que pudiera ser utilizada como medio de escape. El dispositivo exterior también permitió cortar posibles rutas de evasión y controlar las vías de aproximación hacia el vehículo, evitando la incorporación de nuevas amenazas o la presencia de personas ajenas a la operación. Como parte de este esquema, se contempló el apoyo de francotiradores ubicados en posiciones alineadas con los pasillos y ventanas del autobús. Su emplazamiento debía proporcionar una visión clara del interior, manteniendo condiciones que evitaran poner en riesgo a los rehenes. La función de estos elementos se integró al control general de la operación y a la observación de sectores que, por su ubicación, no pudieran ser cubiertos directamente por el personal que efectuaba el ingreso.
Región Naval Central Rescate y gestión de rehenes
Una vez recuperado el control del vehículo, el procedimiento continuó con la evacuación ordenada de los pasajeros o rehenes. Las personas fueron dirigidas hacia salidas previamente aseguradas y posteriormente concentradas en zonas externas consideradas seguras. Esta organización permitió despejar progresivamente el autobús y mantener separados a los ocupantes del área de intervención.
Durante esta fase, el personal empleó consignas breves, directas y claras para controlar el pánico, agilizar el desplazamiento y evitar movimientos que pudieran obstruir las salidas o generar nuevas situaciones de riesgo. La evacuación no constituyó una acción aislada, sino el resultado de las fases desarrolladas previamente. El conocimiento del vehículo permitió determinar las rutas de salida; el control exterior aseguró las áreas de concentración, y el desplazamiento interior facilitó la conducción de las personas hacia puntos previamente protegidos.

Una capacidad integral de intervención
Las actividades desarrolladas por el equipo contraterrorismo de la UNAPAP durante la Copa Mundial de Fútbol 2026 mostraron que la respuesta ante un escenario de esta naturaleza depende de la correcta articulación de todas sus fases. El reconocimiento del autobús proporciona la información necesaria para definir los accesos; el ingreso coordinado permite recuperar progresivamente el espacio; el desplazamiento interior mantiene el control sobre amenazas y ocupantes; el cerco exterior impide fugas o interferencias, y la gestión de rehenes permite concluir la intervención mediante una evacuación segura.
Desde el 12 de mayo de este año que se dio el banderazo de la Fuerza de Tarea Copa Mundial de Fútbol 2026, el componente élite contraterrorismo mantuvo esta capacidad operativa como parte de las acciones realizadas por la UNAPAP para fortalecer las condiciones de seguridad durante el desarrollo del mismo.
Con preparación especializada, coordinación y conocimiento técnico del entorno, el personal naval permaneció en condiciones de responder ante escenarios de elevada complejidad, priorizando en todo momento el control de la amenaza y la protección de la vida de turistas nacionales y extranjeros.
