
Cuando la docencia la llevas en la sangre

Marcos H. Valerio
El reloj marca la hora exacta afuera del salón E11 de la prepa 5 de la UNAM. Un grupo de jóvenes ansiosos ignora las filas traseras y se amontona al frente. No buscan escapar; buscan refugio. De pronto, la voz de la psicóloga y docente Karla Romina Medina rompe el aire: “¡Chicos! No se vayan, ya estoy aquí”.
La atmósfera se transforma de inmediato al entrar al aula. Más de 30 estudiantes estallan en un barullo de quejas y desahogos sobre injusticias escolares.
Saben que con la «miss Romina» la verdad sale a la luz. Lejos de solapar la flojera, la profesora confronta a una alumna con la cruda realidad del esfuerzo y la honestidad. Ese es el núcleo de su poder: una disciplina inquebrantable envuelta en empatía pura.
Desde 2016, Romina entendió que las aulas tradicionales estaban muertas tras la pandemia. Mientras otros se aferran al pasado, ella domina la Inteligencia Artificial y devora la cultura pop de sus alumnos para conectar con sus mentes. Su diagnóstico es severo: los jóvenes cargan mochilas invisibles llenas de depresión, apatía y crisis existenciales.
Alumnos como Briana Hernández y Rodrigo Morales confiesan haber tocado fondo, sin ganas de levantarse ni capacidad para expresar su dolor. Fue en los talleres de regulación emocional de Romina donde hallaron un salvavidas.
A través de dibujos, dinámicas intensas y un respeto absoluto que ningún otro profesor les otorga, la docente rescató sus calificaciones y sus vidas. Gabriel Díaz y Ximena Gutiérrez lo confirman con devoción: ella se aprende cada nombre y se pone en sus zapatos. Romina Medina no solo dicta una clase a la semana; moldea almas y redefine el significado de la docencia en México.
