
¡”Harfuchito” llega a los tianguis!

Marcos H. Valerio
Caminas por cualquier tianguis de la Ciudad de México o de provincias y, entre el olor a tacos, el bullicio de la mercancía china y los gritos de “¡llévalo, llévalo!”, aparece de pronto: Un muñeco de peluche con mandíbula cuadrada, traje impecable o, para los más osados, sin camisa. Lo llaman “Harfuchito”. Cuesta entre 70 y 200 pesos y ya se ha convertido en el souvenir más inesperado del momento.
No es la primera vez que un político mexicano genera esta fiebre de mercancía popular. Antes hubo “AMLitos” y “Clauditas”, pero ahora el fenómeno se repite con mayor fuerza y creatividad con Omar García Harfuch.
No es solo un peluche. En los mismos puestos encuentras almohadas tamaño natural con su rostro, toallas, cobijas de franela suave, pasteles decorados con su imagen y hasta figuras de cartón a escala real.
Hay versiones vestidas de Batman (el “justiciero enmascarado” que muchos le atribuyen) y otras más atrevidas, sin camisa, que los vendedores promocionan con picardía como “el símbolo sexual de la Cuarta Transformación”.
La fiebre explotó después del operativo que acabó con Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Desde entonces, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, pasó de comparecer en conferencias de prensa a convertirse en un fenómeno cultural.
Su imagen varonil, con ese rostro de facciones marcadas, ha sido estampada en mantas, reinterpretada con inteligencia artificial en abrazos imaginarios y transformada en memes que recorren WhatsApp y TikTok.
En los tianguis, los vendedores ambulantes no dudan en gritar: “¡Llévese a su Harfuchito, el Batman de la seguridad!” o “¡Para que duerma abrazadito con él toda la noche!”. La mercancía ya cruza fronteras: hay pedidos desde Estados Unidos y Costa Rica.
El sociólogo Nelson Arteaga Botello, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, lo explicó con claridad: “Lo que estamos presenciando es la creación de un ícono, impulsada por el atractivo estético, el contexto cultural y el anhelo público de seguridad en medio de la violencia generalizada”.
Todo son elogios a su cara, a su figura y a su aura de hombre fuerte. Harfuch se ha vuelto el “galán” de la política mexicana, comparable —según algunos reportajes— con el gobernador de Nuevo León, Samuel García, apodado “el gobernador más guapo de México”.

Mientras tanto, en las calles de la ciudad, la gente común ya lo trata como a una estrella. Niños lo cargan como peluche, adultos lo usan como cojín y más de uno sueña con tenerlo de “protector” en casa. Es la crónica de una ciudad que, entre tanta inseguridad, encontró en un funcionario un inesperado objeto de deseo y esperanza.
¿Simple fanatismo o el primer síntoma de una precampaña que ya se siente en los tianguis? Lo cierto es que, por primera vez en mucho tiempo, un posible candidato a la Presidencia de la República ya puede verse… en forma de muñeco de peluche.
