¡Mamá que enfrentó al virus en primera línea!  

¡Mamá que enfrentó al virus en primera línea!  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marcos H. Valerio

 

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Mientras el sol de la tarde se filtra entre los árboles de Xochimilco, de la Ciudad de México, Daniela Guerrero prepara con cuidado su equipo de protección. Los niños del colegio la miran con ojos grandes. Algunos susurran que es una astronauta. Otros, más despiertos, la bautizan como “la caza virus”. Ella sonríe debajo de la mascarilla. Sabe que, para sus propios hijos, es mucho más que eso: Es ejemplo.

 

En pleno 2020, cuando la pandemia azotaba con más fuerza y el miedo se respiraba en el aire, Daniela tomó una decisión que cambiaría su vida.

 

Recuerda que trabajaba como personal administrativo en la Unidad Departamental de Movilidad en la alcaldía de Xochimilco, un empleo estable y seguro. Pero ante el aumento de contagios y la urgente necesidad de sanitizar espacios, algo en su interior de madre y servidora pública le dijo que no podía quedarse de brazos cruzados.

 

Dejó la comodidad de la oficina y se integró al equipo de brigadistas sanitizadores. Desde entonces, Daniela —o “Dani”, como la llaman sus compañeros— ha desinfectado domicilios donde hubo enfermos o fallecimientos, mercados públicos, escuelas, hospitales, calles y avenidas enteras.

 

Desde ese día, ha cargado tanques a la espalda bajo un sol inclemente y bajo la lluvia, sabiendo que cada superficie que limpia podía significar una vida salvada.

 

Originaria del barrio de San Pedro, Xochimilco, Daniela es madre. Y esa palabra lo explica todo. Cuenta con orgullo que decidió dar el paso “para contribuir en algo” y, sobre todo, para mostrarles a sus hijos lo que significa ser un ciudadano ejemplar.

 

“Quiero que vean que en los momentos más difíciles no podemos escondernos. Que hay que servir”, dice con voz serena pero firme.

 

Aunque reconoce el riesgo que implica su labor —exponerse diariamente a posibles contagios—, Daniela asegura hacerlo con pasión y profunda vocación de servicio. Cada vez que regresa a casa, agotada, sabe que está dejando un gran ejemplo: el de una madre que no tuvo miedo de ponerse al frente cuando su comunidad más lo necesitaba.

 

Hoy, con la mirada todavía puesta en aquellos años duros, Dani hace un llamado cargado de sensibilidad: “No debemos bajar la guardia. Esto no termina. A cuidarse por el bien de las personas con las que convivimos. Vacúnense y respeten los protocolos”.

 

En un México donde muchas madres solo pedían sobrevivir, Daniela Guerrero eligió servir. Y en ese acto de valentía cotidiana, no solo sanitizó espacios: también sembró valores en sus hijos y en su comunidad que perdurarán mucho más allá de la pandemia.

 

Una madre. Una guerrera. Una heroína silenciosa.

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